17 Abril 2013, 8:52 PM
Cinco mitos sobre preferencia homosexual
Los homosexuales viven hasta 20 años menos que heterosexuales
El debate sobre la preferencia homosexual tiene dos sesgos, uno
político, y otro religioso. Unos lo asumen como cuestión de fe, y otros
como postulado político. En lo que sigue me propongo, con argumentos
estrictamente científicos, desmontar cinco mitos comunes.
El primer mito es: la preferencia sexual es hereditaria. La verdad es
que no hay base científica para sostener ese punto. Hamer lo propuso en
1993, pero al replicarse el estudio se descartó rotundamente. No
conozco ningún autor actual que sostenga ese punto. Lo que se sospecha,
tanto entre los pro como entre los contra, es que existen factores
biológicos facilitadores, pero en ningún caso determinantes.
Especialmente se citan factores hormonales durante el embarazo, y la
idea de un ‘cerebro gay’ (Levay, 1991), lo cual apenas confirma la gran
plasticidad del cerebro humano. Se trata, por consiguiente, de una
conducta aprendida, y cuyo aprendizaje conocemos muy bien los
psiquiatras que trabajamos esta condición.
Segundo mito: los psiquiatras descubrieron que la preferencia
homosexual es normal. ¡Falso! El cambio vino por movilización política.
El Movimiento de Liberación Homosexual atrajo al movimiento feminista y a
otros grupos minoritarios para lograr una victoria por escaso margen.
Luego vino una reacción en cadena: médicos, psicólogos, maestros,
trabajadores sociales, y otros; luego algunos países y finalmente
iglesias liberales inventaron el matrimonio homosexual. El argumento
fue: ‘si los psiquiatras dicen que es normal, ¿Qué nosotros?’ La próxima
meta del Movimiento de Liberación Homosexual es la “completa liberación
sexual”, lo cual significa eliminar de la nosología psiquiátrica
sadismo, masoquismo, exhibicionismo, abuso sexual, e incluso incesto,
con los mismos argumentos utilizados para la homosexualidad.
Tercer mito: la preferencia homosexual es una opción natural, y
existe incluso en el mundo animal. La verdad es que la preferencia
homosexual contradice el esquema de la naturaleza para la reproducción
de la especie: cópula entre macho y hembra a través de sus genitales. La
cópula hombre-hombre o mujer-mujer contradice ese diseño natural y es
por lo tanto una disfunción. El ano no fue diseñado como órgano sexual, y
por eso carece de lubricación, de elasticidad, y tiene un PH alcalino
que favorece las infecciones.
Desde que un hombre lo usa como órgano sexual se expone a más de 20
enfermedades, desde SIDA hasta cáncer del ano. Las lesbianas usan
sustitutos artificiales del pene, lo cual suele ser dañino. Asimismo se
privan de los factores protectores de las hormonas del parto y de la
lactancia. La preferencia homosexual, por lo tanto, se desvía de la
función natural, y surge tanto en seres humanos como en animales
superiores por defecto de los mecanismos normales de aprendizaje.
Cuarto mito: la preferencia homosexual no tiene consecuencias
médicas negativas. ¡Falso! Homosexuales y lesbianas tienen más SIDA y
venéreas, más infecciones e infestaciones y más cáncer, especialmente de
los genitales; más depresión, esquizofrenia, trastornos por ansiedad,
trastornos de personalidad, trastorno bipolar, y exhiben más
promiscuidad, violencia, abuso de sustancias, sexo de una sola noche, y
otras conductas sexuales de riesgo. Debido a este exceso de enfermedades
los homosexuales viven hasta 20 años menos que los heterosexuales, y su
riesgo de muerte es similar a otras adicciones como drogas, tabaco, o
alcohol.
Quinto mito: la preferencia homosexual no tiene cura, y si se intenta
puede tener consecuencias negativas. ¡Falso! La evidencia científica es
clara en este punto. El doctor Spitzer, portavoz de los que proponían
eliminar la homosexualidad del DSM-III, fue retado a revisar el punto y
al final confirmó que las “terapias reparativas” podían ser exitosas.
Existen organizaciones que trabajan con homosexuales utilizando las
mismas técnicas de AA, con los mismos resultados. Los pioneros de las
principales escuelas en psicología confirmaron la posibilidad de
modificar la preferencia homosexual. La mayoría de los individuos que
siguieron un proceso voluntario de terapia en mi consultorio modificaron
su preferencia sexual.
La preferencia homosexual es dañina para el individuo, dolorosa para
su familia, y costosa para la salud pública, por lo que debe reconocerse
como una conducta anormal.


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