Parte 3
El derecho a la vida de la mujer en el proceso de la reproducción humana, embarazo y parto»
Algunas perspectivas desde la tradición bíblica
3 de 9
Héctor B. Olea C.
La tradición bíblica nos provee por lo menos un ejemplo claro
de mortalidad materna: el relato de la muerte de Raquel, la amada
esposa de Jacob
¿Quién fue Raquel?
Raquel era la hija más pequeña de las dos que tenía Labán, hermano de
Sara (la esposa de Abraham) y tío de Jacob (Génesis 29.10). En
consecuencia, tenemos admitir que Jacob y Raquel en realidad eran primos
hermanos. Luego, es obvio que tenemos aquí un ejemplo de un tipo de
relación sentimental y de pareja que por lo general en nuestros
contextos no es muy bien vista y considerada con matices de una relación
incestuosa. Sin embargo, no debemos perder de vista que este tipo de
relación no está prohibida en el código mosaico en general, ni en el
llamado “Código de santidad” de Levítico (Levítico 17-27), ni en el
resto de la Biblia, sin excluir el Nuevo Testamento.
En forma de paréntesis, quiero decir que a pesar de lo mal vista que
son hoy las relaciones sentimentales y de pareja entre primos hermanos,
lo cierto es que en la República Dominicana son más abundantes de lo que
quizás nos gustaría admitir; situación que ha originado el refrán que
dice: “los primos se exprimen” (es decir, se aprietan, se sacan el jugo,
establecen relaciones sentimentales y amorosas, se acarician, forman
pareja, tienen relaciones íntimas, etc.).
Por otro lado, como para complicarle las cosas a la común persona
lectora cristiana de la Biblia, la narración bíblica no oculta, sino que
con mucha naturalidad nos dice que Raquel fue en realidad la segunda
esposa tomada simultáneamente por Jacob, formando con su hermana mayor
Lea (la primera esposa y también prima hermana de Jacob), un caso de
poliginia; a pesar de lo que luego diría el «Código de santidad» en
Levítico 18.18. Claro está y como para no facilitar las cosas, es
preciso reconocer que la referida disposición de Levítico 18.18 da por
sentado la legitimidad y lo natural de la poligamia en su versión de la
poliginia (un esposo con varias esposas) para ese tiempo.
De todos modos, el caso es que en el contexto de lo que podríamos
llamar un “triángulo amoroso”, Raquel llevaba la mejor parte, pues al
final era la esposa más amada por Jacob. Consideremos, pues, la
declaración del relato bíblico: “Se llegó también a Raquel, y la amó
también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años” (Génesis
29.30).
Ahora bien, a pesar de ser la esposa preferida de Jacob, había un
problema con Raquel, y era que ésta no podía dar hijos (considérese
Génesis 30.1, 22), pues era estéril, condición que en la cultura hebrea
colocaba a una mujer en una situación de desventaja y vergüenza con
relación a la que sí podía dar hijos (considérese Génesis 30.1-21;
recordemos también la experiencia de Ana, la madre de Samuel, 1 Samuel
1.1-28); esto así, pues en la cultura patriarcal hebrea el hogar era el
espacio habitual o natural de la mujer, y su capacidad como aparato
reproductor, una condición biológica indispensable.
Lo interesante es que las cosas no quedan así, y con el andar del
tiempo Raquel por fin pudo concebir. Al respecto la narración bíblica
nos informa: “22 Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le
concedió hijos. 23 Y concibió, y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha
quitado mi afrenta;
24 y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo” (Génesis 30.22-24).
En efecto y, en concordancia con el deseo de Raquel de concebir un
hijo más, la narración bíblica nos dice que ésta pudo volver a concebir
otro hijo (Benjamín), con cuyo alumbramiento marcó precisamente el final
de su existencia.
Consideremos al respecto el relato bíblico:
“6Después partieron de Bet-el; y había aún como
media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y
hubo trabajo en su parto. 17Y aconteció, como había trabajo en su parto,
que le dijo la partera: No temas, que también tendrás este hijo. 18Y
aconteció que al salírsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni;
mas su padre lo llamó Benjamín. 19Así murió Raquel, y fue sepultada en
el camino de Efrata, la cual es Belén. 20Y levantó Jacob un pilar sobre
su sepultura; esta es la señal de la sepultura de Raquel hasta hoy. 21Y
salió Israel, y plantó su tienda más allá de Migdal-edar” (Génesis 35.16-21).
Ahora bien, antes de pasar a la consideración de una serie de
preguntas de reflexión con base a los datos que nos proporciona este
relato; quiero hacer una puntualización respecto del reconocimiento que
muestra la tradición bíblica de lo doloroso, delicado y angustioso que
es estrictamente para la mujer el proceso de alumbramiento.
En efecto, la tradición bíblica se hace eco de lo terrible,
angustioso y doloroso que es el parto y el alumbramiento estrictamente
para la mujer. En la tradición bíblica expresiones como “angustias de
mujer de parto”, “voz como de mujer que está de parto”, “angustia como
de primeriza”, “dolor como de mujer que está de parto”; son metáforas
que se emplean para apuntar y señalar situaciones de dolor, momentos
difíciles, cruciales, angustiosos, tormentosos, etc., precisamente con
base en la experiencia única de la mujer en el proceso de la
reproducción humana. Considérense como ilustrativos los siguientes
pasajes: Isaías 13.8; 21.3; Jeremías 4.31; 6.24; 22.23; 30.6; 49.24;
50.43; Miqueas 4.9, 10; Romanos 8.22; Gálatas 4.19, 27; Apocalipsis
12.2.
¡Quiera Dios que este reconocimiento de la tradición bíblica de cómo
se la juega la mujer en el proceso de la reproducción humana, también
sea el reconocimiento de los maridos; reconocimiento que los lleve a ser
más comprensivos, y mostrar más empatía con sus compañeras y con la
mujer en sentido general!
Pasemos, pues, a nuestras preguntas de reflexión con base en el relato de Génesis 35.16-21.
1) ¿Qué nos dice el nombre elegido por Raquel respecto de su papel y experiencia como madre en el proceso de embarazo y parto?
2) ¿Qué nos dice el nombre elegido por Jacob respecto de su papel en
el proceso de embarazo y parto, como padre? ¿Qué lectura podemos darle a
este cambio de nombre efectuado por el padre, a pesar de que la madre
muere en el parto?
3) ¿Por qué difieren el padre (Jacob) y la madre (Raquel) en la forma de nombrar a la misma criatura, al mismo niño?
Al llegar a esta pregunta, quiero hacer una acotación especial en
relación a la tradición de cómo se elegía el nombre que se le deba a la
criatura recién nacida, por lo general, sólo los varones.
La tradición dominante es que muchos o la mayoría de los nombres se
inspiraban en la condiciones del nacimiento de la criatura,
principalmente las circunstancias relacionadas con la madre, a pesar de
que también era dominante la tradición de que era el padre quien escogía
el nombre para la criatura. En efecto, R. de Vaux («Instituciones del Antiguo Testamento») afirma que es raro que las circunstancias se refirieran al padre (página 81).
Por otro lado, si bien es posible seguir la línea del pensamiento del
mismo R. de Vaux, que entiende que con el cambio de nombre, lo que
quiso Jacob fue cambiar una especie de nombre de mal augurio (página
80); si bien es comprensible que se vea en este cambio de nombre
efectuado por Jacob, una manera de éste proyectar en el niño (niño que
logró sobrevivir al parto aunque su madre no), todo el afecto que éste
sentía por su madre (compárese Génesis 29.18, 20, 30); no obstante, en
lo personal prefiero identificarme con la lectura que ve aquí a un
hombre incapaz de comprender cómo el nacimiento de un niño impactó
tristemente, de manera trágica y fatal la vida de su compañera, hasta
marcar incluso el final de su existencia.
4) ¿Entendemos los hombres del todo y siempre, la forma en que el
proceso de embarazo y parto afecta e impacta la vida de la mujer?
5) ¿Sienten las mujeres, del todo y siempre, que los hombres
entendemos las implicaciones que tiene el proceso de embarazo y parto
para sus vidas?
6) ¿Sienten las mujeres que los hombres le damos siempre el
compañerismo adecuado (que somos los ideales compañeros de travesía) en
el proceso de embarazo, parto y posparto?
Ahora, cerrando ya esta nota, a manera de conclusión, repito la reflexión y, especie de oración, que expuse arriba:
¡Quiera Dios que este reconocimiento de la tradición bíblica de cómo
se la juega la mujer en el proceso de la reproducción humana, también
sea el reconocimiento de los maridos; reconocimiento que los lleve a ser
más comprensivos, y mostrar más empatía con sus compañeras y con la
mujer en sentido general!


0 comentarios:
Publicar un comentario